MIRANDO AL CORDERO.
Caminaba yo, a JerusalaƒÂn, tiempo de sacrificar, otra vez.
Mis pequeaƒÂ±os hijos, caminaban junto a maƒÂÂ.
Venimos para ver al cordero.
Papi, papi, lo que veo ahaƒÂÂ, hay cosas que aaƒÂºn yo no comprendo.
Les hablaƒÂ de MoisaƒÂs, del padre Abraham, y les dije, hijos miren al cordero.
HabraƒÂ¡ mucha gente en toda JerusalaƒÂn, y debemos cuidar que el corderito no se vaya.
Les hablaƒÂ de MoisaƒÂs, del padre Abraham, y les dije, hijos miren al cordero.
Al llegar a la ciudad, supe que algo andaba mal.
No habaƒÂÂa rostros alegres, y ni cantos de gozo, me quedaƒÂ ahaƒÂ con mis hijos
En medio de aquellos hombres.
Luego la multitud gritaƒÂ³: a€œCrucifaƒÂÂquenlea€ÂÂ.
Tratamos de alejarnos, de aquella multitud, arrastrados por la gente y forzados a mirar.
Por quaƒÂ tres hombres condenados, condenados a morir.
Por quaƒÂ estamos ahaƒÂ de pie, donde pronto pasaraƒÂ¡n.
MiraƒÂ y dije, a€œellos vienen yaa€ÂÂ
El primero pidiaƒÂ³ perdaƒÂ³n pero la gente lo rechazaƒÂ³.
EL segundo era violento, arrogante y burlador, todavaƒÂÂa puedo oaƒÂÂr esa voz, gritando a la multitud.
Alguien dijo a€œahaƒÂ va JesaƒÂºsa€ÂÂ, mis ojos lo creyeron.
Tan marcado que, aƒÂl casi estaba muerto.
Su sangre derramaba por las espinas en su frente.
Manchaban aquella cruz y caaƒÂÂan en la tierra.
Lo vi, luchando, miraƒÂ como el cayaƒÂ³.
La cruz golpea su espalda, la multitud gritaƒÂ³.
De pronto sentaƒÂÂa algo raro, un miedo me invadiaƒÂ³
Un soldado romano me agarraƒÂ³ y dijo:
a€œHey taƒÂº, carga esa cruza€ÂÂ.
Al principio trataƒÂ de resistir, mas aƒÂl tomaƒÂ³ su espada
Me agachaƒÂ y tomaƒÂ la cruz, la cruz de mi SeaƒÂ±or.
La puse sobre mi hombro y comencaƒÂ a caminar.
La sangre que aƒÂl vertiaƒÂ³ corraƒÂÂa por mi cara.
Llegamos al calvario, clavaron sus manos y sus pies.
AhaƒÂ sobre esa cruz le oaƒÂ decir.
Padre, perdaƒÂ³nalos.
JamaƒÂ¡s he visto una mirada, tan llena de amor.
En tus manos encomiendo mi espaƒÂÂritu y muriaƒÂ³.
SentaƒÂ pasar como aaƒÂ±os, el tiempo olvidaƒÂ.
De pronto sentaƒÂ una manita, apretando la maƒÂÂa.
Mi hijo no paraba de llorar y miraƒÂ¡ndome dijo:
Papi, perdaƒÂ³name, el cordero se me fue.
Papi, papi, quaƒÂ hemos visto aquaƒÂÂ, hay cosas que aaƒÂºn yo no comprendo.
Lo alcaƒÂ en mis brazos y mirando hacia la cruz, les dije.
Hijos, he ahaƒÂ el cordero.